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Libros |
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La Señorita Florencia |
Segundo libro de cuentos. Publicada por Ediciones Perro Azul en el 2003.
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Sinopsis:
Colección de cuentos centrados en personajes que buscan su identidad por medio de la narración de su propia historia fantaseada o real por parte de la escritora. Relata historias bajo un estilo de silencioso claroscuro, con el cual apreciar a plenitud los contrastes y las polaridades. |
El amor, la locura y el hechizo de narrar en Dorelia Barahona
Francisco Alejandro Méndez, escritor guatemalteco
Quiero celebrar el último libro de 12 relatos-apóstoles de Dorelia Barahona, La señorita Florencia y otros relatos, publicado por Perro Azul recientemente.
Igual que los anteriores trabajos de esta autora, La señorita Florencia y otros relatos tiene la presencia de esa narradora con deseos de relatar con malicia, perversidad e inocencia, como si siguiera a pie juntillas las instrucciones de la Lolita de Navokov.
Sus 12 textos me han hecho viajar por hospitales en los que aún Florencia lee las cartas y pronostica números de emergencias los fines de semana; por la cola de Greta Garbo, la perra afgana, que se vanagloria de la bigamia de su Margarita mientras mastica una flor. Me ha hecho estar en Quepos, donde es posible cambiar un collar de estrellas por un águila arpía y por una carretera desierta, mientras Sandomingo le mete la mano en las piernas a cualquier adolescente.
Caminar por la orilla de la playa atado a las manos de Esmeralda, mitad mujer, mitad circe, mitad sirena, quien es capaz de hacernos el amor tan de prisa como el instante en que entra y sale aire por la nariz de un venado. Sus cuentos-apóstoles nos toman de la mano para acompañar a Nemesia a que nos interprete tocata y fuga de Bach, con las notas de un Yamaha posmoderno; también por los delirios de un cónsul, preso de su corrupción y de sus ansias de seguir el juego del desprestigio; por los tupidos bosques de aguacate del cielo en el que un Ángel y una Guadalupe se amaron, bajo el calor del infierno convertido en bolsas de basura y con un muñeco (acaso, el elegido, acaso Luzbel, acaso un vudú), como consorte de su relación; por la elefantiasis de Nicolás, queriéndose meter dentro de su auto, que nos recuerda a un Julio Cortázar intentándose meter en las peceras de su fantasía. Son textos también que nos acompañan la caminatas de una chica material, con deliberaciones de escritora en un lugar en el que si no se plagia o se intertextualiza ¿con permiso de la academia?, no se obtiene ningún reconocimiento literario o peor aún, ninguna satisfacción por relatar. Dorelia nos hace viajar por la vara de un pescador, quien al percatarse que sus pescados se han convertido en poemas y tatuajes, escucha la voz de su mujer quien le advierte que la cena se enfriará otra vez. Tras estos 11 textos, se aterriza vertiginosamente a observar cómo se doma un león edípico: no con la vagina entrante sino con la saliente, es decir, a esa a la que hay que obedecer.
Aunque de todos los cuentos podríamos tomar elementos para analizarlos y comentarlos, me gustaría resaltar la visión de la mujer-bruja que la narradora muestra en muchos de los textos.
Existe un enorme menú para la caracterización de la bruja, que por cierto su figura ha sido denostada hasta la saciedad, de modo abusivo y a veces, injusto. Cualquier mujer puede ser bruja y sino que lo diga Eva, ¿la primera bruja histórica?. Sí una bruja, pero siempre y cuando sea amante de la naturaleza hasta el extremo de querer descifrar sus secretos y dominar sus poderes. Sin embargo, se necesitan dos tipos de pactos: uno, con las fuerzas de la naturaleza y, segundo, con las fuerzas demoníacas, ya que el diablo resulta ser un buen maestro de brujas. Dependiendo con quien se pacte, así será la clasificación de bruja: con Lucifer, hechiceras; Satanás, las que practican la magia negra; con Belial, las alocadas que sólo piensan en juegos y aquelarres; Iblís, nigrománticas y con Mefistófeles; sabias y doctas practicantes de la magia blanca. No olvidemos incluir a las Viejas Brujas Sabias, las que viven retiradas en el bosque para estudiar los secretos de la naturaleza y que muchas veces se hacen acompañar de un gato negro (no por su compañía, sino porque su sangre funciona como tinta), cultivan la mandrágora y la ruda. También pueden hacer volar barcas, hecho que les conviene para los desplazamientos masivos de dos o más brujas, ¿conocen a la Tatuana?
Las personajes-brujas de Dorelia son vestidas con trajes muy a la medida de su actuación, uno de los más cautivadores es el de La señorita Florencia:
“No había dejado de maquillarse un solo día: sobre los párpados, las rayas negras le llegaban casi a la sien, era su sello como lo era también el abundante pelo amarillo, envidia de todas las enfermeras.”
Esmeralda también se una representación de lo que puede significar una mujer-bruja que hechiza y provoca el “pecado”, el “deseo”, hacia ella; a pesar de tener tres hijos y un marido que ya no le hace caso, ella vive la fantasía de una relación con un hindú, que respira como venado en la montaña, que nos puede recordar, con sus variantes, la famosa leyenda de la Siguanaba o Segua.
Nemesia, es considerada por el cura posmoderno como una demente o loca, que debido a su estado catatónico es internada en un hospital.¿ Qué pensar de una “loca” que siente que va a 170 kilómetros por hora en una ambulancia con un grupo de jazz o que canta con voz de Tina Turner alguna canción country?
Y qué decir de Guadalupe, quien tras años de espera ve sus Deseos cumplidos luego de una descripción como: “En ella había una cajita con tres monedas doradas y espejo pulverizado, un muñeco hecho de telas viejas atravesado por agujones y envuelto en hojas de aguacate amarradas al cuerpo.”
Encontramos en esas brujas y otros personajes intensos, esa candidez que señalaba anteriormente, pero esa malicia que la traduzco en colmillo de narrar, un colmillo que pocos narradores y narradoras poseen a la hora de construir sus historias y a la hora de vestir a sus personajes.
En fin los textos de Dorelia, sus personajes, sus estructuras y cierres me han dejado un sabor a magia, a pasión y a otro texto más que rompe con eso que se llama: horizonte de expectativa. |
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